Desplazar la Luna
Reseñas - XII
Empezamos nueva reseña y como suele ser habitual, antes de empezar, decirte que puedes obtener este libro desde TodosTusLibros. Donde verás qué librerías independientes tienen disponible un ejemplar o si puedes encargarlo a una en concreto.
Andrea Marcolongo (Milán, 1987) es licenciada en Literatura Clásica por la Universidad de Milán. No obstante, también ha ejercido como escritora fantasma de Mateo Renzi y como periodista. Su fama se produjo tras la publicación de su libro La lengua de los dioses, donde defiende el griego antiguo no como una lengua muerta, sino como una forma de pensar, sentir y ser libres en el mundo actual.
Desde entonces, se ha convertido en una de las caras más visibles de la divulgación del mundo grecolatino a nivel internacional. Además, su estilo de escritura se caracteriza por plasmar su pasión y conectar sus explicaciones sobre el mundo antiguo con sus experiencias personales. De esta forma, consigue llegar mejor a la gente y transmitir su idea de pervivencia de los clásicos —como herramienta— en el mundo actual.
Bueno, antes de empezar con el meollo del libro, deciros que la premisa es denunciar la ausencia de los mármoles del Partenón que siguen en Londres y que, para ello, se encierra una noche en el Museo de la Acrópolis. Museo que se construyó explícitamente para albergar dichos mármoles y que su propia configuración responde a unos intereses políticos que trasciende lo cultural muchas veces.
Dicho esto, desde mi opinión, no me gusta nada cuando un museo cierra para el uso exclusivo de una persona o grupo en particular. Entiendo que la fama de Marcolongo es aval suficiente para conceder dicho permiso y más si es para denunciar la devolución de las piezas. Ahora bien, creo que son prácticas que a la larga juegan muy en contra. Ya hablé de esto en el pódcast y sobre la idea de entender el museo como espacio desde el que proyectar poder. En España tenemos el caso del Prado cuando se ha cerrado para la recepción de presidentes de otros países o de personajes famosos —como el de Dua Lipa—. Los museos deben ser espacios democratizadores que sirvan para acercar la cultura al pueblo. Si realizamos estas continua privaciones en pos de un “conseguir mejor imagen o similar”, pues flaco favor creo que hace. Que entiendo que Marcolongo se quedó por la noche tras su cierre y ella misma explica lo afortunada que se siente, pero no deja de ser un privilegio un pelín envenenado por lo que creo que implica.
Dicho lo cual, como decía, el eje central del libro es el expolio de los mármoles del Partenón por Lord Elgin, quien a partir de 1801, arrancó y se llevó a Londres numerosas piezas que se exhiben en el Museo Británico. Ella, a medida que va paseando por las distintas salas, hace un recorrido histórico para quienes no conozcan todo el caso. De hecho es bastante útil para actualiza sobre todo cómo va el tema hasta prácticamente la actualidad y el debate en torno a la devolución. También narra lo rocambolesca y negligente que fue la tarea de trasladar las piezas, ya que muestra las pérdidas que hubo y el estado de conservación que tuvieron una vez llegaron a Inglaterra.
Es más, el libro es prácticamente un manifiesto político. No solo habla de Elgin, es que toda la argumentación gira en los vacíos y réplicas del Museo de la Acrópolis para denunciar la falta de las piezas. Es decir, plasma por escrito el motivo que llevó la construcción del museo. Destacando la restitución del patrimonio arqueológico como algo indispensable para completar la identidad griega, frente al neocolonialismo cultural que ejercen los —antaño— grandes imperios quienes se habían apropiado del patrimonio ajeno con la soberbia excusa de la protección.
Lejos de ser un texto complejo, como es habitual en ella, todo lo realiza desde un estilo cercano y personal. No obstante, todo lo que habla acerca de la relación con su padre —sobre sus propias ausencias, memoria o desarraigo— lo encuentro muy forzado y que no aporta realmente nada más allá del chisme que se puede generar con su vida. Entiendo que es su estilo, pero reconozco que se me hizo algo pesada con este tema.
Después de todo, Marcolongo hace un trabajo bastante divulgativo sobre la importancia del debate de las piezas y todas sus consecuencias a nivel político, cultural, museístico y nacionalista. A diferencia de Mary Beard —esto lo veremos en una reseña que saldrá más adelante—, la italiana sí toma una postura clara y firme a favor de la devolución.
El libro actúa como un manifiesto donde se expone la situación y obliga a una nueva forma de mirar y relacionarnos con el arte. No es algo estático o decorativo, es algo político y vivo, por lo que la devolución de los mármoles no es una cuestión nostálgica caprichosa de Grecia, es una cuestión de dignidad e identitaria de un pueblo.


